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Deportadas de la esperanza

agosto 11, 2010

Rocío Cadahía/ Juan de Sola.-En menos de 8m2 comen, duermen, viven y sueñan cuatro mujeres. Adeh Sua, Juliette, Swita y Blacsa tienen un sueño, un sueño peligroso: viajar a España, cruzar el estrecho, jugarse la vida en la patera. Y esperan, varadas en un punto olvidado de la ciudad de Tánger que llegué su oportunidad.

Adeh Sua inició su viaje en Ghana hace ya más de 5 años. “Dios” como ella nos cuenta, detuvo la barca en la que viajaba rumbo a España en las costas marroquíes. Desde ese momento, absolutamente desamparada, sin recursos de ningún tipo, pide limosna en las calles tangerinas.

Cientos de historias como la suya, se repiten similares y singulares en poblado de Haouama Chouk. Una zona marginal de Tánger en la que sobreviven cientos de inmigrantes subsaharianos mientras esperan el golpe de suerte que les permita continuar su camino hacia Europa. Pero la paciencia es limitada y la frustración una fiel compañera que hace la vida más difícil si cabe. “El viaje” que las lleve a su destino, es un lujo caro, carísimo, que mina las esperanzas de los que viven el día a día, de los que no saben donde dormirán mañana.

Son los repudiados y repudiadas del mundo, el fruto de un sistema económico que crea más desplazados que las propias guerras. Daños colaterales invisibles para nuestro “primer mundo”.Atrapados en una tierra que no es la suya, no tienen el dinero suficiente para costearse el viaje que les lleve de vuelta a casa. Adeh Sua nos cuenta que hoy por hoy volvería a Ghana, su país natal, aunque esto supusiese la renuncia a todos sus planes. Nos muestra con orgullo unas fotografías en las que viste como una princesa africana. Son el único lazo con su pasado desde hace más de cinco años.

Blacsa es nigeriana y ronda los veinte años. Nos cuenta su historia con buen nivel de inglés y una claridad y una concisión aplastante.
Una familia de once miembros que vive sólo del campo en Nigeria son demasiadas bocas que alimentar. La sequía y la hambruna la obligan a escoger la única salida posible para ayudar a los suyos. La salida de los valientes: la inmigración. Antes de llegar a Marruecos, Blacsa cruzó dos desiertos de manera ilegal. Sin agua y sin comida, traspasó, aún no sabe cómo, las barreras del ejército marroquí. 29 compatriotas suyos no lo lograron. “Ella,” nos dice orgullosa, “es una superviviente”.

Después, la esperanza que Blacsa ha cultivado durante años soñando con formar parte de Europa, se diluye entre la miseria y el racismo de un país que no la entiende. Es cristiana en un mundo de musulmanes, negra en un mundo de blancos, mujer en un mundo de hombres.

Estas cuatro mujeres que ya se han convertido en una improvisada familia, nos cuentan que cada cierto tiempo, una patrulla de policía marroquí entra en el poblado para detener a alguien. A los que tienen suerte se los llevan a la cárcel, como le ocurrió al marido de Adeh Sua hace ya más de un año y medio. A los menos afortunados los deportan al desierto de Oujda, barrera natural y límite oficial entre Marruecos y Argelia. Allí los abandonan a su suerte. Sin comida ni bebida, y muchas veces con sus bebés entre los brazos, sus posibilidades son pocas.

Adeh Sua, Juliette, Swita y Blacsa nos han abierto las puertas de su casa y nos han recibido confiadas gracias a la labor que día a día, realiza la Red Chabaka. Una plataforma de asociaciones ubicadas en el norte de Marruecos que trabaja desde el año 2001 por la solidaridad y el desarrollo. Los voluntarios de Red Chabaka visitan el poblado con frecuencia. Les llevan algo de arroz o pañales para los niños, les enseñan a leer y a escribir, juegan con sus hijos, o simplemente charlan y escuchan sus historias.

Una vez más y como en tantas otras ocasiones ya hemos visto en Marruecos, es la propia población civil organizada, la que desarrolla las labores que al gobierno se le escapan. Saber por qué, es ya otra historia.

La gente de Haouama Chouk nos pide que transmitamos su situación. Que contemos su historia. Quieren que el mundo conozca la realidad en la que viven y abandonar de una vez la invisibilidad a la que están condenados.
Nos hablan de la injusticia de los muros, de las fronteras y de la deportación.
Nos cuentan que la libertad, tan defendida, pregonada y reivindicada por los gobiernos europeos, es para ellos hoy, una utopía casi inalcanzable.

Más crónicas en:

perfilesdelestrecho.blogspot.com

www.agareso.org

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